ACTAS FORO OVINO 2026 – Ponencia Vetia
Pasteurelosis ovina: una enfermedad antigua ante nuevos desafíos
Cuando hablamos de pasteurelosis ovina debemos empezar por contextualizar correctamente la enfermedad. Tradicionalmente hemos utilizado este término para referirnos prácticamente a cualquier neumonía observada en los rebaños, pero la realidad es mucho más compleja.
Las bacterias implicadas forman parte habitualmente de la microbiota normal del aparato respiratorio de los animales. Esto significa que podemos aislarlas con facilidad en animales aparentemente sanos. Por tanto, para que aparezca la enfermedad tiene que ocurrir algo más. Debe producirse una alteración que permita que esos microorganismos pasen de comportarse como simples comensales a actuar como verdaderos patógenos.
Por ello considero fundamental abandonar la idea de que la pasteurelosis es únicamente una infección bacteriana. Estamos ante un proceso claramente multifactorial donde intervienen factores relacionados con el hospedador, el ambiente, el manejo, las coinfecciones y la presión antimicrobiana. Sin estos factores predisponentes, la enfermedad difícilmente se desarrollaría.
Además, hablamos probablemente de la enfermedad respiratoria más prevalente del ovino y de una de las que mayores pérdidas económicas provoca. En un contexto en el que el sector afronta una reducción continuada del censo, un incremento constante de los costes de producción y una caída de la rentabilidad, la sanidad ha dejado de ser una opción para convertirse en una auténtica necesidad de supervivencia.
Las pérdidas van mucho más allá de la mortalidad
Cuando se analiza el impacto económico de la pasteurelosis, muchas veces se presta atención únicamente a la mortalidad o al coste de los tratamientos. Sin embargo, las pérdidas más importantes suelen ser precisamente las que pasan desapercibidas.
Las neumonías subclínicas y los procesos crónicos generan importantes pérdidas productivas. Los estudios muestran reducciones de la ganancia media diaria que pueden alcanzar los 35 gramos por animal y día, empeoramientos del índice de conversión cercanos al 25%, retrasos en el crecimiento y un incremento significativo de los decomisos en matadero.
Muchas veces observamos únicamente los casos más graves, aquellos que terminan en muerte súbita o que presentan una sintomatología evidente. Sin embargo, una gran parte de los animales sobreviven y evolucionan hacia formas subclínicas crónicas caracterizadas por consolidaciones pulmonares, pleuritis fibrinosa y lesiones que limitan su rendimiento productivo durante toda su vida.
Por eso debemos entender que el verdadero impacto económico de la enfermedad no se limita a los animales que mueren, sino también a aquellos que sobreviven con lesiones pulmonares permanentes y nunca llegan a expresar todo su potencial productivo.
El protagonismo creciente de Pasteurella multocida
Durante muchos años hemos asociado la pasteurelosis ovina principalmente a Mannheimia haemolytica. Sin embargo, los datos actuales nos obligan a revisar esta visión.
Los estudios más recientes siguen mostrando que Mannheimia haemolytica, especialmente el serotipo A2, continúa siendo el agente más frecuentemente aislado. Sin embargo, cada vez observamos una mayor presencia de Pasteurella multocida tipo A, cuya participación se estima ya en aproximadamente el 40% de los casos estudiados.
Este fenómeno supone un auténtico cambio de paradigma. Durante años hemos considerado a Pasteurella multocida como un actor secundario dentro de la enfermedad respiratoria ovina. Hoy empieza a ocupar un papel protagonista, apareciendo cada vez con mayor frecuencia en brotes clínicos y lesiones pulmonares.
Junto a estas bacterias también debemos considerar el papel de Bibersteinia trehalosi, especialmente asociada a cuadros hiperagudos y muertes súbitas tras el destete, donde determinados serotipos muestran una especial relevancia clínica.
El gran problema: no hablamos de una bacteria, sino de muchas
Uno de los mayores desafíos que afrontamos actualmente es la enorme variabilidad existente dentro de estas bacterias.
En Mannheimia haemolytica ya no hablamos únicamente de los serotipos clásicos A1, A2 y A6. Cada vez adquieren más importancia otros serotipos como A7, A8, A9 y A13. Esta diversidad implica diferencias en virulencia, capacidad patógena y respuesta inmunitaria.
Lo mismo ocurre con Pasteurella multocida, que presenta una importante diversidad genética y capsular. En realidad, cuando hablamos de estas bacterias no estamos hablando de un único microorganismo, sino de múltiples variantes con características biológicas diferentes.
Esta situación tiene consecuencias muy importantes. Por una parte, dificulta el diagnóstico epidemiológico y la interpretación de los brotes. Por otra, complica enormemente el desarrollo de vacunas universales capaces de proporcionar una protección homogénea frente a todas las variantes circulantes.
Probablemente esta variabilidad explique algunos de los problemas observados en determinadas explotaciones donde, pese a la vacunación, continúan apareciendo brotes recurrentes de enfermedad respiratoria.
Diagnosticar antes de tratar
Ante esta complejidad, el diagnóstico adquiere una importancia fundamental.
Los signos clínicos y las lesiones observadas durante las necropsias pueden orientarnos, pero el diagnóstico definitivo debe apoyarse en herramientas laboratoriales. El aislamiento bacteriano, las pruebas bioquímicas, la espectrometría MALDI-TOF, la PCR y las técnicas serológicas permiten identificar correctamente los agentes implicados.
Debemos prestar especial atención a la toma de muestras. Un aislamiento obtenido a partir de un hisopo nasal tiene un valor muy limitado, ya que estas bacterias forman parte habitual de la microbiota respiratoria superior. Por ello, las muestras pulmonares o los lavados broncoalveolares proporcionan información mucho más fiable.
Solo mediante un diagnóstico adecuado podremos seleccionar correctamente los tratamientos y diseñar programas de prevención ajustados a la realidad epidemiológica de cada explotación.
Las resistencias obligan a cambiar la estrategia
El tratamiento antimicrobiano continúa siendo una herramienta necesaria, pero cada vez presenta más limitaciones.
Actualmente observamos niveles muy elevados de resistencia frente a determinados grupos de antibióticos, especialmente sulfamidas, aminoglucósidos y lincosamidas. También empiezan a detectarse resistencias crecientes frente a macrólidos ampliamente utilizados en el tratamiento de los procesos respiratorios.
El dato más preocupante es la aparición de cepas multirresistentes. Los estudios recientes indican que más del 32% de los aislamientos presentan resistencia frente a varias familias de antimicrobianos simultáneamente. Además, aproximadamente un 2,4% de los aislados clínicos ya muestran resistencia a cinco familias diferentes de antibióticos.
Esta situación obliga a utilizar cada vez más el diagnóstico microbiológico y los antibiogramas para orientar los tratamientos. Ya no podemos permitirnos utilizar antibióticos de forma indiscriminada o basándonos únicamente en la experiencia previa.
De bomberos a arquitectos de la salud
Ante este escenario, considero que la prevención debe convertirse en el eje central del control de la enfermedad.
La vacunación es actualmente una de las herramientas más eficaces de las que disponemos. Nos permite reducir la mortalidad, mejorar el crecimiento, disminuir el uso de antibióticos y aumentar la rentabilidad de las explotaciones. Pero debemos entenderla como una inversión productiva y no como un gasto.
Sin embargo, la vacunación por sí sola no resolverá el problema. Debemos actuar también sobre los factores predisponentes. El hacinamiento, la acumulación de amoniaco, el exceso de humedad, las deficiencias en la ventilación, el estrés asociado al transporte o al destete y las coinfecciones víricas continúan desempeñando un papel decisivo en la aparición de los brotes.
La pasteurelosis sigue siendo un problema porque representa la tormenta perfecta: bacterias, virus, estrés, manejo, inmunidad y ambiente interactúan simultáneamente. No existen balas de plata ni soluciones milagrosas.
Por eso creo que debemos dejar de actuar como bomberos que apagan incendios mediante antibióticos y empezar a comportarnos como arquitectos de la salud. Necesitamos construir sistemas preventivos sólidos basados en el diagnóstico, la inmunología, el manejo y la prevención. Solo así podremos avanzar hacia explotaciones más rentables, más sostenibles y con animales más sanos y productivos.

























































